Costumbres asociadas al árbol: EL TEJO.

Ficha

Identificación
Costumbres asociadas al árbol: EL TEJO.
Identificador del elemento de patrimonio inmaterial
PI201A4
Dimensión geográfica del elemento
Medidas de salvaguarda y riesgo
El árbol se encuentra en buen estado, si bien, la presencia en algunos casos masiva de visitantes pueden ser peligroso para su conservación.
Descripción etnográfica
El tejo de San Cristóbal nació con la fundación del pueblo, a principios del milenio pasado. Varios pastores de una aldea cercana, Manzanedo, tenían sus corrales en lo que ahora es San Cristóbal. Para no alejarse mucho de los animales, se terminaron estableciendo en la zona, construyendo una ermita románica de planta rectangular a la que acompañaron plantando un tejo a su lado, como rezaba la tradición.
De este modo nació el árbol de San Cristóbal, enmarcado en la creciente vida del Valle del Silencio con sus monjes eremitas, y los pastores de los montes Aquilanos. Poco ocurrió, afirmó Aurelio, hasta el año 1800, cuando la iglesia fue trasladada al centro del pueblo y se dejó al tejo junto a los restos de la primitiva ermita, que fue reconvertida como cementerio.
Ya en el siglo veinte, en plena Guerra Civil, el antiguo pedáneo recordó que los miembros de la guardia civil perseguían a los republicanos por la zona, y cuando descansaban en el pueblo, practicaban el tiro disparando a las ramas del árbol. En la posguerra, algunos vecinos del pueblos cortaban ramas del tejo para venderlas, pues su madera era muy apreciada para construir castañuelas y gaitas. Aurelio comentó que un vecino consiguió dos sacos de patatas por la venta de una rama grande, pero aseguró que estas prácticas estaban completamente prohibidas y con el tiempo se dejaron de hacer. En el presente, el árbol se ha convertido en un símbolo de la comarca, y cientos de visitantes se acercan a San Cristóbal para verlo. Este parece el futuro más cercano del árbol milenario, y es de esperar, porque como dicen los habitantes del pueblo «por algo será el segundo tejo más viejo del mundo». Un árbol mágico y unido al hombre El tejo siempre se ha asociado con la muerte y la magia, por el elevado contenido de toxicidad de sus hojas verdinegras. Es un árbol solitario, más propio de otras épocas que de las actuales, bajo y longevo.
Los celtas lo llamaban «Ioho», y construían los mejores arcos con su madera. Pero también llevaban hojas frescas de tejo en su zurrón para suicidarse en caso de perder una batalla ante el invasor romano, o para restregarlas contra las puntas de sus flechas para hacerlas más mortíferas. En la Edad Media surgió la costumbre de plantar tejos junto a los cementerios y las iglesias, como un recordatorio de la muerte. Tirar los tejos. Pero no solamente se tenía esta acepción. En la tradición popular española existe una expresión utilizada muy común en la actualidad que tiene sus raíces en este árbol. «Tirarle los tejos a alguien» procede de la costumbre que tenían las muchachas de las aldeas, que arrojaban semillas de tejo a sus posibles pretendientes. Los árboles se convierten de esta manera en testigos de la vida de los hombres, sus costumbres, sus culturas y anhelos. La pervivencia de este tejo milenario es una prueba de que la convivencia entre el hombre y su medio natural es posible, y esa posibilidad es la única manera de que dentro de otros dos mil años las leyendas que se desempolven tengan como testigos de su existencia real árboles como el de San Cristóbal.
Conjuntos de fichas
Fecha de creación
26 de marzo de 2021
Fecha de modificación
29 de octubre de 2021