Elementos inmateriales
Incluye un estudio de investigación sobre la antropología y su contextualización en el Patrimonio Comunitario del territorio, identificando todos los recursos del Municipio y su vinculación a la creación de productos, itinerarios culturales y turísticos.
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El oricuerno o cuerno del alicornio.
El cuerno del alicornio es un pequeño trozo de hueso con un color ennegrecido por el contacto con las manos que se encuentra vinculado en la zona del Valle del Oza a una leyenda y que a través de ella se le dota al objeto de unas características y poderes curativos y sanadores. La poseedora del cuerno, hasta donde hemos conocido, siempre mujeres con un poder especial basado en gran medida en su conocimiento de las plantas y su efecto mitigador del dolor y del sufrimiento, hacían uso del cuerno según surgiese la demanda, bien en el ámbito familiar, o bien con una presencia mucho más amplia en las localidades cercanas donde su efecto era bien conocido. Debemos la leyenda a la gentileza de Enrique Rodríguez Arias, quien la ha recogido del siguiente modo: Cuenta la tradición que en el valle del Oza o Valdueza, en época remota, perdida en el tiempo las aguas de los ríos y fuentes se contaminaron, de modo que nadie, ni personas, ni animales podían beber sin morir, hasta que un animal sagrado, el alicornio, se acercó a ellas y sumergiendo su cornamenta en sus aguas las purificó. Este ritual de introducir los cuernos en las aguas del valle se repetía todas las mañanas, de modo que se desvanecía con ello el peligro del envenenamiento. Una vez que fueron purificadas todas las aguas del valle, el animal desapareció, pero dejó en un lugar del valle la cornamenta. Esta fue dividida en pequeños trozos que fueron repartidos por las localidades del valle bajo la creencia de que estos fragmentos de la cornamenta del animal, al igual que habían purificado las aguas, purificarían los cuerpos y sanarían las enfermedades. Uno de estos cuernos llegó a Villanueva de Valdueza y fue recibido y transmitido de generación en generación hasta el día de hoy. La leyenda se encuentra extendida por muchas zonas de España, si bien, presenta interesantes variantes. Tiene su origen en el conjunto de mitos castellanos que se mantienen desde la Edad Media. En ellas se aluda siempre a un ser legendario llamado oricuerno o alicornio que es el nombre que toma en las tierras hispanas el unicornio. Generalmente se le representa como si fuera un caballo blanco con un potente cuerno frontal en forma de espiral. Este ser tiene un carácter híbrido, se le representa con una cola de león o con alas encima de las pezuñas, si bien, en cada lugar toma una forma diferente. Lo que le convierte en mágico son las propiedades de su cuerno, del cual, según la tradición se han elaborado pequeñas cruces en algunos casos, y en otros pequeños fragmentos con poder curativo y sanador. -
El coste de la vida ( patatas )
La reproducción social en poblaciones de montaña ha resultado muy difícil. Tanto el invierno con las copiosas nevadas que se mantienen en la memoria oral, como el trabajo a destajo de los veranos hacían que la vida fuese tremendamente costosa sobre todo en energía consumida. Esto ha repercutido, sin duda, en los procesos migratorios que se ha sucedido a lo largo del tiempo. Raro es una familia no tenga al menos a uno de sus miembros que ha emigrado en algún momento, bien en la primera ola migratoria a Latinoamérica o bien ya en la segunda donde muchas personas de estos valles emigraron a probar suerte en varios países europeos, sobre todo Suiza y Francia. Algunos otros procesos migratorios de los pueblos de la Tebaida llevaron a algunos de sus habitantes al Norte de España. Es significativo el número de personas que han pasado un tiempo como emigrantes y que luego han regresado y han construido sus casas nuevas o bien renovados las casas familiares. El audio que presentamos recoge el testimonio de la dureza de la vida en la montaña, en concreto en la localidad de Montes de Valdueza. Dos eran los productos alimentarios de enorme importancia, uno de ellos “el pan” y otro la patata. -
La sangre y el fariñote.
Uno de los elementos destacados de la matanza era el uso otorgado a la sangre del cerdo como alimento. En muchos lugares es habitual conservar la sangre del animal en el momento de morir y usarla como alimento. En el documento etnográfico que se presenta, oímos como no en todos los lugares se elaboraba morcilla. Sin embargo uno de los alimentos característicos de los pueblos de la llamada Tebaida berciana es el fariñote. Es una especie de morcilla compuesta por arroz cocido y carne, por regla general no muy buena e incluso ensangrentada, la mezcla resultaba agradable al paladar. -
La huerta como un pincel.
La huerta forma parte del paisaje de los pueblos de la tebaida. En la localidad de Valdefrancos, la huerta se encuentra al lado de la Iglesia en uno de los pocos lugares planos que ofrece la geografía del lugar. En la vida familiar la huerta ha sido la tierra que se ha trabajado incluso hasta los últimos días de la vida. Cuando otras tierras se iban vendiendo o abandonando por no poderse trabajar, el terreno de huerta quedaba como última tarea, en muchos casos ya de entretenimiento. En el documento etnográfico que presentamos aparece de un modo nítido la percepción de esclavitud que tenía la vida relacionada con la tierra y con el ganado. A su vez se describen los productos más habituales que se plantaban, y resulta interesante también ver cómo la tierra y las plantas de la huerta se cuidaban con especial esmero y despertaban cierta admiración. En la huerta berciana se plantaba en algunos casos el llamado pan, si bien, la mayor parte del cultivo se realizada fuera de estas huertas, pero no podían faltar los garbanzos, patatas, pimientos, cebollas, etc. En determinados momentos la huerta ha sido un mecanismo muy importante de distribución de alimentos entre padres e hijos, tal y como se menciona en el documento etnográfico. Ha sido también un lugar de orden, de cuidado y de conocimiento de los momentos de preparación de la tierra, de siembra, de recogida y de cuidado, por eso ha sido importante tenerla siempre que se podía como un pincel. -
Paisaje humanizado I ( bancales)
La producción en las zonas de montaña adolece de extensiones grandes y planas de terreno sobre la que trabajar, por eso, era frecuente la creación de bancales que servían para fijar la tierra y para cultivarla. Los terrenos más cercanos se dedicaban a la huerta, los que estaban más cerca del río y de las casas, también en muchos casos allí se sitúan las eras como los espacios para majar, y luego ya en los bancales e incluso en laderas empinadas la producción era sobre todo de patatas y cereal, trigo en las laderas más cercanas, las conocidas como laderas del pan, y luego el centeno. Estos bancales protegían sobre todo de las avalanchas de agua en torrente por el valle abajo en momentos de grandes tormentas de final de verano o de grandes deshielos. -
Tocar la esquila.
En el registro etnográfico que se presenta se menciona cómo el toque de la esquila a lo largo de las calles del municipio de Carracedo de Compludo era una práctica habitual, ritual y rutinaria que solamente dejaba de realizarse en momentos muy puntuales y por un acontecimiento destacado. En este caso, y a diferencia de otros lugares donde la tradición todavía se mantiene muy viva, como es el caso de algunas localidades de la sierra de Salamanca, la esquila con doble asa se pasaba de familia en familia, siendo un miembro de la familia quien debía de hacerla sonar al caer la tarde por las calles de la localidad. A pesar de que en el registro no se menciona el sentido de esta práctica que se remonta a momentos donde la religiosidad popular y sus creencias sobre la muerte y los difuntos marcaba tanto los tiempos como los espacios de la vida tradicional. -
El hornero.
El hornero desempeña una importante labor en la vida comunitaria de las sociedades tradicionales. Por la realización de su labor recibía una cantidad ajustada del pan de cada hornada. El hornero no masaba, y por tanto, el gasto habitual de pan para su familia lo recibía en cada una de las hornadas, y este variaba en función de la cantidad que cada una de las familias llevaba a hornear. Además con la masa sobrante muchas familias regalaban al hornero algún bollo o empanada extra, tal y como se describe en el audio que se adjunta. En principio parecía que el hornero recibía una hogaza por cada hornada, pero de un modo más preciso, resulta que por cada cuatro cuartales, el hornero recibía una cantidad en pan de libra y media. A pesar de que el horno se subastaba cada año, por regla general este trabajo solía recaer en la misma o mismas personas a lo largo del tiempo. -
Labrar pizarra. El Cembón.
Los modos de supervivencia en entornos de montaña hostiles pasaba por aprovechar al máximo los recursos naturales que se encontraban alrededor. Desde la fabricación de la cal a partir de las piedras calizas hasta la producción de la pizarra. Antes de la extracción y producción industrial de la misma, el proceso de realizaba artesanalmente y conllevaba el proceso de labrado de la piedra. Junto a esto, el audio que presentamos nos da cuenta del conocimiento toponímico del lugar y de las distintas posibilidades de aprovechamiento que se plantean en la localidad. Así se citan lugares que se corresponden con vetas de pizarra de dónde se extraía el mineral. El cullado y el cembón son dos términos que describen estos lugares en Montes de Valdueza.







