Elementos inmateriales

Incluye un estudio de investigación sobre la antropología y su contextualización en el Patrimonio Comunitario del territorio, identificando todos los recursos del Municipio y su vinculación a la creación de productos, itinerarios culturales y turísticos.
  • Tocar la esquila.

    En el registro etnográfico que se presenta se menciona cómo el toque de la esquila a lo largo de las calles del municipio de Carracedo de Compludo era una práctica habitual, ritual y rutinaria que solamente dejaba de realizarse en momentos muy puntuales y por un acontecimiento destacado. En este caso, y a diferencia de otros lugares donde la tradición todavía se mantiene muy viva, como es el caso de algunas localidades de la sierra de Salamanca, la esquila con doble asa se pasaba de familia en familia, siendo un miembro de la familia quien debía de hacerla sonar al caer la tarde por las calles de la localidad. A pesar de que en el registro no se menciona el sentido de esta práctica que se remonta a momentos donde la religiosidad popular y sus creencias sobre la muerte y los difuntos marcaba tanto los tiempos como los espacios de la vida tradicional.
  • El jornalín del padre.

    La vida en los valles de la Tebaida estaba determinada por la propiedad de los terrenos que generalmente se heredaban y se transmitían de generación en generación. Por tal motivo, los matrimonios, junto con el deseo de formar una familia, tenían también una función económica, pues permitían, a través de los hijos e hijas tener un apoyo para el duro trabajo diario. Las familias eran generalmente grandes, de seis o siete hijos la mayoría de ellas y dependía del nivel económico de la familia el poder mantener de forma suficiente a todos los hijos. En muchos casos, si la familia no disponía de tierra suficiente para sembrar o cultivar, se sufrían de carencias alimentarias, por eso, cualquier terreno era bueno para cultivar. En el audio que se adjunta aparecen algunos elementos destacados de esta dura realidad de la ruralidad tradiciona. En primer lugar, la prioridad del trabajo infantil como apoyo a la familia por delante de la formación educativa que permitía obtenerse en la escuela. Y, en segundo lugar, las diferencias sociales existentes en las distintas localidades. Algunas familiar eran más poderosas, pues habían podido acumular un mayor patrimonio y llevaban una vida más desahogada. En cambio, aquellas no tuvieran muy pocas tierras y propiedades, o muy poco ganado estaban sumidas en el círculo vicioso de la pobreza y buscaban cualquier lugar, por alejado que estuviera para poder cultivar al menos un pequeño campo de centeno. Estas familias, en muchas ocasiones contaban exclusivamente con el jornalín del padre, pero resultaba insuficiente. En el momento en el que aparecieron en la comarca, y fuera de ella nuevos empleos y nuevas formas de ganar dinero, comenzó la experiencia migratoria de una gran importancia en los valles de la Tebaida berciana.
  • Cueva de la griega. ( Historias de mouras)

    Las historias de mouros y de mouras forman parte del acerbo cultural y tradicional de la comarca del Bierzo, como ha sido recogido por investigadores y etnógrafos a lo largo del tiempo. Algunas de estas historias perviven también en la memoria de los pobladores de la Tebaida berciana, como es el caso de la historia que adjuntamos recogida en Palacios de Compludo, por Carlos Martínez y contada por Celia Villanueva en el año de 1998. Consisten en una serie de leyendas que hablan de estos pobladores que habitan generalmente en cuevas, pero que se vinculan también a otros espacios como las fuentes y que conforman distintas historias generalmente vinculadas con tesoros escondidos. Estas narraciones han pasado de generación en generación y han abierto un debate antropológico interesante sobre su origen y su significado. Su presencia se ha documentado en forma de leyendas o bien presentes en topónimos tanto en Galicia, como en Asturias, las dos Castillas y Extremadura de un modo significativo. En el caso del Bierzo, se han recogido testimonios referente a este hecho cultural en Vega de Valcarce, Barjas, y en Colinas, entre otros lugares. En Palacios de Compludo la leyenda alude al encuentro entre algunos pastores y unas mouras que habitan en las cuevas. Estos encuentros resultan esporádicos, pues estos personajes denominados como mouros o mouras no se dejan ver fácilmente, pues su condición de seres encantados limita el contacto social. En las cuevas referidas no se han encontrado vestigios de habitabilidad humana, por lo que cabe pensar que estos personajes y las narraciones vinculadas a ellos, forma parte del folclore que la imaginación social humana ha ido construyendo con el tiempo. Es un universal humano la vinculación de las cuevas y oquedades en los bosques o en el monte con la ocupación por parte de seres míticos en sus distintas manifestaciones. De modo que , cabe pensar que, una vez que se diluyó el contacto real con los moros reales de carne y hueso, y desaparecieron de la vida cotidiana, la relación se convirtió en mítica y la imaginación fue atribuyendo rasgos mágicos a estos personajes y se ocultaron imaginariamente en las cuevas.
  • Toque a Santa Bárbara.

    Los toques de campana son muy diversos y varían, por regla general levemente de una localidad a otra. Hay algunos que se mantienen de un modo más constante, pero otros varían significativamente. En el caso de la llamada o apelación a Santa Bárbara consiste en colocar la campana en un giro de 180 grados, con la cruz de Santa Bárbara hacia arriba. La intención es ahuyentar a la tormenta, sobre todo, si esta se coloca sobre un determinado lugar que la hace especialmente peligrosa, tal y como se describe en el audio que acompaña a esta entrada. Es importante el llevar a cabo esta práctica en un determinado momento, antes de que la tormenta se sitúe encima de la localidad, pues entonces ya no habrá posibilidad de ahuyentarla.Entre las sentencias y frases proverbiales de contenido meteorológico, ésta de “acordarse de Santa Bárbara cuando truena” es, sin duda, una de las más utilizadas. Hoy la empleamos únicamente en sentido figurado, poniendo de manifiesto nuestro comportamiento habitual de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy, aparcar para mejor ocasión lo que aún pensamos puede demorarse, o aplazar sine díe lo que no conviene a nuestros intereses. Y así lo hacemos hasta que metafóricos truenos hacen tambalear o amenazan nuestra posición, en cualquier nivel al que lo contemplemos. Ignoramos quien y en qué momento pronunció por primera vez este axioma en sentido alegórico, pero sí podemos afirmar que la tradición de muchos siglos ha vinculado a Santa Bárbara con los truenos y que su nombre va unido, en un pasado bastante reciente, a creencias, ritos, conjuros y supersticiones dirigidos a protegernos de los rayos y los estragos producidos por las tormentas.
  • El narigón. ( venta de terneros)

    El comercio ha sido una institución fundamental para entender la vida en las localidades de la Tebaida. La economía familiar estaba inicialmente enfocada hacia el autoconsumo, pero debía contar en muchos casos con el ingreso obtenidos del comercio. Cada producto tenía su propia forma de venta. En el caso de las castañas y las nueces los compradores se desplazaban a los distintos pueblos y después del pesaje abonaban el importe y recogían el producto. En cambio con la venta de los terneros el comercio se regía de un modo distinto. El vendedor debía llevar el ternero hasta el lugar de la venta, con el sacrificio y el esfuerzo que suponía y asumiendo el riesgo del transporte, así como la merma del peso del ternero fruto del desplazamiento a través de escarpadas subidas y peligrosas bajadas. Para todo ello, el narigón desempeñaba un papel fundamental, pues ayudaba al control del ganado durante la travesía, aunque no siempre.
  • El carro.

    El carro ha sido en las sociedades tradicionales el medio más importante de transporte hasta la aparición de los vehículos a motor. Ha supuesto una transición entre el desplazamiento con caballería y la movilidad moderna. Realizados por especialistas y con formas variadas en función de su utilidad han sido considerados hasta el cambio social productivo de mediados del siglo pasado objetos de un enorme valor en el entorno familiar. En muchos casos eran considerados también, y debido en parte al valor que atesoraban, objetos identitarios y así, de este modo eran profusamente decorados y adornados. Se cuidaba tanto la conservación de los materiales del carro como la tracción animal que los hacía útiles y funcionales. Con la falta de uso los materiales más sensibles de sus estructuras han ido desapareciendo y quedan en algunos casos, como se menciona en el audio, las partes más fuertes ya conservadas con otra finalidad estética.
  • Hornadas comunales.

    El horno comunitario también era un lugar especial de contacto sobre todo de mujeres, ya que la elaboración del pan, su preparación y su cocción, así como de otros productos como las empanadas y las roscas ha sido una labor claramente feminizada. En estos lugares de la vida comunitaria se tejían relaciones sociales muy poderosas y además se trabajaba de forma comunitaria con un reparto muy definido de funciones, tal y como se describe en el audio que adjuntamos. Durante determinados días del año y en distintas celebraciones, la hornada se realizada de forma comunitaria, para luego llevar a cabo una fiesta de degustación de estos productos.
  • De Lobos y Hombres I

    El lobo y el ser humano en estos valles de la Tebaida berciana han convivido tanto en el mundo real como en el mundo imaginario y simbólico. Han compartido espacios y tiempo, y a su vez, han competido por los mismos recursos. El lobo ha intentado sobrevivir apropiándose del ganado, mientras que para el hombre el ganado ha sido su principal sustento en muchas de las localidades de estos valles montañosos. En muchos casos ha sido considerado, fruto del miedo que ha provocado su presencia, como la alteridad radical, lo que se encuentra del otro lado, lo salvaje y lo siniestro. Por este motivo, la imaginación cultural humana le ha dotado de todo tipo de poderes que desafían las lógicas humanas conocidas, desde transmitir el mal de ojo, hasta convertirse en ser mitológico en los cuentos infantiles o ser precursor la muerte a través de su aullido. A pesar de su compleja relación, hombres y lobos forman parte de un ecosistema que se ha mantenido en equilibrio durante mucho tiempo.
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