Elementos inmateriales

Incluye un estudio de investigación sobre la antropología y su contextualización en el Patrimonio Comunitario del territorio, identificando todos los recursos del Municipio y su vinculación a la creación de productos, itinerarios culturales y turísticos.
  • El hornero.

    El hornero desempeña una importante labor en la vida comunitaria de las sociedades tradicionales. Por la realización de su labor recibía una cantidad ajustada del pan de cada hornada. El hornero no masaba, y por tanto, el gasto habitual de pan para su familia lo recibía en cada una de las hornadas, y este variaba en función de la cantidad que cada una de las familias llevaba a hornear. Además con la masa sobrante muchas familias regalaban al hornero algún bollo o empanada extra, tal y como se describe en el audio que se adjunta. En principio parecía que el hornero recibía una hogaza por cada hornada, pero de un modo más preciso, resulta que por cada cuatro cuartales, el hornero recibía una cantidad en pan de libra y media. A pesar de que el horno se subastaba cada año, por regla general este trabajo solía recaer en la misma o mismas personas a lo largo del tiempo.
  • La sangre y el fariñote.

    Uno de los elementos destacados de la matanza era el uso otorgado a la sangre del cerdo como alimento. En muchos lugares es habitual conservar la sangre del animal en el momento de morir y usarla como alimento. En el documento etnográfico que se presenta, oímos como no en todos los lugares se elaboraba morcilla. Sin embargo uno de los alimentos característicos de los pueblos de la llamada Tebaida berciana es el fariñote. Es una especie de morcilla compuesta por arroz cocido y carne, por regla general no muy buena e incluso ensangrentada, la mezcla resultaba agradable al paladar.
  • De lobos y hombres II

    En los trayectos a pie, sobre todo de noche, se despertaba el temor a la aparición de los lobos. Lo habitual, en el caso de que ocurriese, era la presencia siempre de varios de ellos, de modo que existía la creencia de que, una vez que aparecían iban dando golpes con el rabo a las piernas del caminante hasta que lograban tumbarle, y si esto ocurría, entonces ya no había escapatoria posible. Por tal motivo, tal y como se narra en el audio que se adjunta, lo más efectivo era subirse a un castaño y esperar hasta que clareara el día, o bien, hasta que se pudiera contar con alguna ayuda.
  • El rayo. Efectos.

    Las tormentas acompañadas de los rayos despertaban un gran miedo y temor por sus efectos devastadores sobre cultivos, casas, personas y animales. Estos fenómenos naturales, denominados de varias formas en la geografía del noroeste hispano, como truenas, o en otros casos, tuenas, han estado acompañados por fuertes prácticas ritualizadas y culturizadas. Para comprender la importancia que en las sociedades tradicionales han tenido estas prácticas conviene mostrar como los efectos del rayo han quedado marcados en la memoria de los pobladores de estos valles, pues solo de este modo se puede entender la importancia dada a la prevención o lucha frente a los rayos, la lluvia y el granizo. La creatividad popular ha ido conformando un conjunto de creencias y supersticiones relacionadas, con los provocadores de las nubes ( personajes mágicos con efectos malignos descritos y nombrados a veces como reñuberos) como con las defensas contra los elementos devastadores. Estas protecciones incluían los toques de campana y los conjuros a “tente nube”, así como los rezos a Santa Bárbara u otros santos protectores. Era habitual el dotar al interior de las casas de elementos protectores, que solían ser velas como las velas de Jueves Santo o, en otros casos se solía colocar a la puerta de la vivienda instrumentos a los que se les atribuía un poder especial como las hachas o las palas de cocer el pan. Junto a ellos también se estimaba en gran medida el poder de las piedras para alejar a las nubes, y por ello en algunos hogares o dentro de las cuadras empleaban un amuleto de singular poder como era la piedra del rayo bien lanzaban nueve o doce piedras hacia lo alto cuando sonaban los primeros truenos, piedras que habían sido recogidas en fechas especiales del año.
  • El carro.

    El carro ha sido en las sociedades tradicionales el medio más importante de transporte hasta la aparición de los vehículos a motor. Ha supuesto una transición entre el desplazamiento con caballería y la movilidad moderna. Realizados por especialistas y con formas variadas en función de su utilidad han sido considerados hasta el cambio social productivo de mediados del siglo pasado objetos de un enorme valor en el entorno familiar. En muchos casos eran considerados también, y debido en parte al valor que atesoraban, objetos identitarios y así, de este modo eran profusamente decorados y adornados. Se cuidaba tanto la conservación de los materiales del carro como la tracción animal que los hacía útiles y funcionales. Con la falta de uso los materiales más sensibles de sus estructuras han ido desapareciendo y quedan en algunos casos, como se menciona en el audio, las partes más fuertes ya conservadas con otra finalidad estética.
  • Paisaje humanizado I ( bancales)

    La producción en las zonas de montaña adolece de extensiones grandes y planas de terreno sobre la que trabajar, por eso, era frecuente la creación de bancales que servían para fijar la tierra y para cultivarla. Los terrenos más cercanos se dedicaban a la huerta, los que estaban más cerca del río y de las casas, también en muchos casos allí se sitúan las eras como los espacios para majar, y luego ya en los bancales e incluso en laderas empinadas la producción era sobre todo de patatas y cereal, trigo en las laderas más cercanas, las conocidas como laderas del pan, y luego el centeno. Estos bancales protegían sobre todo de las avalanchas de agua en torrente por el valle abajo en momentos de grandes tormentas de final de verano o de grandes deshielos.
  • Manantiales y lavanderas.

    Lavar ha sido una actividad fundamental en las sociedades tradicionales. Su función ha sido enorme desde el punto de vista social y cultural. Esta tarea asignada culturalmente a las mujeres ha sido, antes de la llegada de nuevas tecnologías, un trabajo necesario, duro debido en muchos casos a la intemperie, rutinario pero al mismo tiempo fuertemente ritualizado. Por tal motivo, reivindicar y recuperar los espacios y lugares destinados a tal efecto supone recuperar la memoria de sororidades no reconocidas pero imprescindibles en el tejido social de los grupos rurales. En las fuentes, manantiales y lavaderos las mujeres y niños se reunían no solo para lavar, sino que constituían una microsociedad con sus propias normas donde se transmitían y se guardaban conocimientos, se comunicaban oralmente recetas y remedios, donde se pasaba la información necesaria de una casa a otra y se resolvían pleitos y disputas. Al mismo tiempo, era un lugar también de secretos, pues lo que allí se decía el agua se lo llevaba. Esta tarea fuertemente feminizada, en determinados lugares se convirtió en un oficio, lo que la historiadora Carmen Sarasúa llama en un interesante documento " el oficio más molesto y duro".
  • El Pingo

    El pingo es un término que describe el momento en el que empezaban a caer los erizos de los castaños y también de los nogales. Cuando el fruto todavía se encontraba verde e inmaduro no se podía varear, por eso, cada mañana cuando se acercaba la fecha la mujer de la familia se acercaba al soto para ir al pingo. Se visitaban cada mañana los distintos sotos de castaños y nogales para apañar el fruto que había quedado ya en el suelo.
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