Elementos inmateriales

Incluye un estudio de investigación sobre la antropología y su contextualización en el Patrimonio Comunitario del territorio, identificando todos los recursos del Municipio y su vinculación a la creación de productos, itinerarios culturales y turísticos.
  • Campo de las danzas I ( rebaños)

    El campo de las danzas es un espacio cercano a la localidad de Villanueva de Valdueza y a otras localidades de la Tebaida Berciana que actúa como imaginario y que se mantiene con fuerza en la memoria colectiva. Es un espacio que ha cumplido unas importantes funciones productivas vinculadas especialmente al ganado, pues como podemos comprobar en el audio que presentamos, ha sido un lugar muy transitado para el pasto del ganado. Pero a la vez, y así lo atestigua el topónimo, ha sido un lugar especial para el tiempo festivo.
  • La "Aquianina". Romería

    La romería en la que participa la virgen de Villanueva de Valdueza llamada la "Aquinina" y que se menciona en el audio, ha constituido una de las manifestaciones populares más importantes de religiosidad popular en la comarca. Este conjunto de creencias que denominamos "popular" hace referencia a prácticas y cosmovisiones que, en alguna medida, se entremezclan y coexisten con formas tipificadas como oficiales de religión, así como con creencias de tipo pagano vinculadas a espiritualidades que conectan de un modo directo con la naturaleza. Esta romería se adapta bastante bien a este consideración, pues se encuentran directamente relacionada con la sacralización de un espacio donde la naturaleza se expresa de una forma muy poderosa en sus dos facetas principales, la protectora y provedora de recursos que ayudan a la supervivencia del grupo y la otra, como si de un rostro jánico se tratase, que apela a la forma destructiva y generadora de miedo. En la parte más simbólica de esta cordillera denominada "los montes aquilianos" se sitúa una capilla actualmente a la cual han accedido durante años los fieles en romería para su veneración. La memoria de los habitantes de estos valles se ha mantenido vigorosa para recordar cómo el lunes siguiente a la fiesta de Pentecostés, y después de la misa los habitantes de la localidad de San Pedro de Montes ascendían con la Virgen hasta la ermita situada en el pico. A medio camino se le unían los pobladores de Villanueva de Valdueza con la imagen de la "Aquinina". Después de un encuentro entre ambas imágenes, y culminada la ascensión, las imágenes se resguardaban en la ermita hasta el día de San Miguel, momento en el que descendían de nuevo a las respectivas parroquias. Estas estancias temporales de imágenes sagradas en lugares que están cargados de sacralidad natural para los grupos humanos son relativamente frecuentes en la religiosidad popular. Tal vez remitan a la búsqueda permanente de los seres humanos por contar con la máxima ayuda y protección de lo sobrenatural en un contexto social y económico de baja protección ante la adversidad. Conviene recordar cómo la fiesta de Pentecostés en el Antiguo Testamento remite a una fiesta del grano, es decir que se sitúa en una esfera relacionada con el deseo y necesidad al mismo tiempo de crecimiento y fecundidad de la producción de los cereales. No está de más también recordar cómo en la religiosidad popular la festividad de San Miguel se vincula con la ruptura del tiempo laboral del verano, de la cosecha y aparece como la primera fiesta del otoño, es decir, que marca el fin del ciclo agrícola de la cosecha y señala ya el comienzo del nuevo proceso del nuevo.
  • El calero.

    El calero describe el lugar donde se fabricaba la cal. Esta técnica artesanal ha desaparecido, si bien, en las sociedades tradicionales ha sido enormemente importante y por eso debe ser reseñada y documentada. En la actualidad este producto se fabrica de modo industrial. Sin embargo hay que tener en cuenta que en los valles de la Tebaida, y hasta hace prácticamente una generación se fabricaba de modo artesanal en distintos lugares y uno de ellos se encontraba en la localidad de San Pedro de Montes, en las afueras del pueblo. Se necesita, por tanto, de forma inicial la materia prima que es la piedra caliza. Tal y como percibimos en la explicación del audio, no servía cualquier piedra. Se requiere un conocimiento transmitido para diferenciar los tipos de piedra, que aquí se describen como "macho" y "hembra". Solamente se utilizaba la piedra macho. En las caleras se distinguía claramente la parte del hogar o del fuego de la parte más alta donde se quemaban las piedras hasta deshacerlas para convertirlas en cal. Los usos de la cal en las sociedades tradicionales han sido muy variados. El principal ha sido su utilización como argamasa para la construcción y en forma de lechada para blanquear edificios. En edificios religiosos se ha usado para recubrir las paredes y posibilitar la pintura con la técnica del fresco. Pero también ha sido útil para desinfectar árboles y del mismo modo, como desinfectante en enfermedades contagiosas. Ha tenido también un efecto de prevención ante epidemias y enfermedades. Se ha usado para secar el aire en espacios cerrados e incluso para curar las molestias causadas por las diarreas y los vómitos. Han sido numerosas las familias y las generaciones que han vivido de la producción artesanal de la cal, y a pesar de su desaparición, la profesión se mantiene a veces en numerosos apellidos.
  • Costumbres asociadas al árbol: EL TEJO.

    El tejo de San Cristóbal nació con la fundación del pueblo, a principios del milenio pasado. Varios pastores de una aldea cercana, Manzanedo, tenían sus corrales en lo que ahora es San Cristóbal. Para no alejarse mucho de los animales, se terminaron estableciendo en la zona, construyendo una ermita románica de planta rectangular a la que acompañaron plantando un tejo a su lado, como rezaba la tradición. De este modo nació el árbol de San Cristóbal, enmarcado en la creciente vida del Valle del Silencio con sus monjes eremitas, y los pastores de los montes Aquilanos. Poco ocurrió, afirmó Aurelio, hasta el año 1800, cuando la iglesia fue trasladada al centro del pueblo y se dejó al tejo junto a los restos de la primitiva ermita, que fue reconvertida como cementerio. Ya en el siglo veinte, en plena Guerra Civil, el antiguo pedáneo recordó que los miembros de la guardia civil perseguían a los republicanos por la zona, y cuando descansaban en el pueblo, practicaban el tiro disparando a las ramas del árbol. En la posguerra, algunos vecinos del pueblos cortaban ramas del tejo para venderlas, pues su madera era muy apreciada para construir castañuelas y gaitas. Aurelio comentó que un vecino consiguió dos sacos de patatas por la venta de una rama grande, pero aseguró que estas prácticas estaban completamente prohibidas y con el tiempo se dejaron de hacer. En el presente, el árbol se ha convertido en un símbolo de la comarca, y cientos de visitantes se acercan a San Cristóbal para verlo. Este parece el futuro más cercano del árbol milenario, y es de esperar, porque como dicen los habitantes del pueblo «por algo será el segundo tejo más viejo del mundo». Un árbol mágico y unido al hombre El tejo siempre se ha asociado con la muerte y la magia, por el elevado contenido de toxicidad de sus hojas verdinegras. Es un árbol solitario, más propio de otras épocas que de las actuales, bajo y longevo. Los celtas lo llamaban «Ioho», y construían los mejores arcos con su madera. Pero también llevaban hojas frescas de tejo en su zurrón para suicidarse en caso de perder una batalla ante el invasor romano, o para restregarlas contra las puntas de sus flechas para hacerlas más mortíferas. En la Edad Media surgió la costumbre de plantar tejos junto a los cementerios y las iglesias, como un recordatorio de la muerte. Tirar los tejos. Pero no solamente se tenía esta acepción. En la tradición popular española existe una expresión utilizada muy común en la actualidad que tiene sus raíces en este árbol. «Tirarle los tejos a alguien» procede de la costumbre que tenían las muchachas de las aldeas, que arrojaban semillas de tejo a sus posibles pretendientes. Los árboles se convierten de esta manera en testigos de la vida de los hombres, sus costumbres, sus culturas y anhelos. La pervivencia de este tejo milenario es una prueba de que la convivencia entre el hombre y su medio natural es posible, y esa posibilidad es la única manera de que dentro de otros dos mil años las leyendas que se desempolven tengan como testigos de su existencia real árboles como el de San Cristóbal.
  • La vecera del ganado.

    En la localidad de Villanueva, la práctica ganadera diferenciaba el cuidado del ganado vacuno del pastoreo de cabras. En el caso del ganado vacuno no se conoce Vecera, es decir, el cuidado colectivo del ganado, pero sí en el caso del ganado caprino. Este se pastoreaba siempre en el monte, no en la parte baja de la localidad y se realizaba en los terrenos comunales y de forma colectiva según el número de cabezas de ganado que cada familia pudiese aportar al rebaño común.
  • Bailar el erizo

    Bailar el erizo es una expresión que denota una práctica tradicional relacionada con el cultivo de las castañas y que ha sido documentada en los valles del río Oza. La economía de las distintas localidades que se sitúan en el valle ha estado condicionada en gran medida por el cultivo y el cuidado del castaño, como un elemento complementario fundamental en la alimentación de las familias que han habitado el lugar. El plantado del castaño, su cuidado y limpieza, así como la recolección del fruto, su transporte, almacenamiento y su posterior elaboración y consumo ha sido una práctica que ha supuesto la transmisión de conocimientos entre distintas generaciones. A su vez, ha sido objeto de múltiples transformaciones y cambios sucedidos en los últimos años, tanto en el cuidado del árbol como en su cuidado y comercialización. Se mantiene esta práctica viva en la memoria de los habitantes del valle la forma tradicional de proceder, tal y como se puede percibir en el audio que completa esta entrada. El modo de limpieza de los erizos de los castaños pasaba por lo que se describe como un baile de un modo figurado. Los hombres y mujeres se ponían unas botas y con ellas iban pisando los erizos para separar el fruto de las cáscara llena de pinchos cuando ya estaban curtidos, para luego con un rastro o rastrillo ir amontonando el fruto. El movimiento acompasado de las piernas sobre los erizos se consideraba como si fuera un baile.
  • La boda. ( el víspera)

    La celebración de una boda dentro de una pequeña comunidad era un motivo de fiesta y celebración muy importante. El tiempo festivo y ritual se adueña de la vida social durante algunos días, pero al mismo tiempo era también un acto religioso, pues la sociedad tradicional ha vinculado el acto ritual y religioso en la mayoría de los casos. Pero también ha sido un acto económico pues supone un gasto para las familias que unen sus lazos a través de dos de sus miembros. Este "derroche" económico marca también de un modo determinado las distintas relaciones sociales que quedaban en deuda por las invitaciones recibidas. La boda se alargaba durante varios días. Uno primero de preparación denominado "el víspera" o día de víspera, el día de la boda y luego ya el día posterior llamado " tornaboda". El centro de la preparación del día de la víspera era la preparación de la comida, pues estas celebraciones se llevaban a cabo en la casa de uno de los contrayentes. Para ello, y como comenta el audio que adjuntamos, se contrataba a un carnicero para que pudiera llevar a cabo el despiece de los distintos animales que se sacrificaban para el día posterior, el día de la boda. Para la preparación se reclamaba el servicio de uno o dos cocineros expertos con sus ayudantes para preparar y servir los platos a más del centenar de invitados que celebraban el evento en la casa particular, en los salones, pasillos y distintas habitaciones. Aparte del convite, otro gasto importante para ese día era el traje, pues debía de hacerse a medida y por parte de algún sastre de Ponferrada.
  • La sangre y el fariñote.

    Uno de los elementos destacados de la matanza era el uso otorgado a la sangre del cerdo como alimento. En muchos lugares es habitual conservar la sangre del animal en el momento de morir y usarla como alimento. En el documento etnográfico que se presenta, oímos como no en todos los lugares se elaboraba morcilla. Sin embargo uno de los alimentos característicos de los pueblos de la llamada Tebaida berciana es el fariñote. Es una especie de morcilla compuesta por arroz cocido y carne, por regla general no muy buena e incluso ensangrentada, la mezcla resultaba agradable al paladar.
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