Elementos inmateriales

Incluye un estudio de investigación sobre la antropología y su contextualización en el Patrimonio Comunitario del territorio, identificando todos los recursos del Municipio y su vinculación a la creación de productos, itinerarios culturales y turísticos.
  • La mano del pan y la raya suelta.

    Cada año en concejo se determinada la parte que se iba a cultivar de cereal y se establecían las regulaciones necesarias para una buena producción. El día de Santiago se determinaba la parte que iba a ser como la mano del pan, es decir la parte de las laderas cercanas a la localidad donde se iba a plantar cereal, y la otra parte descansaba. Durante el tiempo que mediaba entre el día de Santiago y el día de San José en la parte del pan no se podía pastorear. Pero ya, a partir de este día quedaban abierta la mano del pan al pastoreo los domingos y los días festivos, pero ningún día más. A partir del día de San Roque, entonces ya se consideraba que había raya suelta, es decir que quedaban abiertos ya al pasto todo el terreno que había sido vedado anteriormente y descrito como la mano del pan.
  • De Lobos y Hombres I

    El lobo y el ser humano en estos valles de la Tebaida berciana han convivido tanto en el mundo real como en el mundo imaginario y simbólico. Han compartido espacios y tiempo, y a su vez, han competido por los mismos recursos. El lobo ha intentado sobrevivir apropiándose del ganado, mientras que para el hombre el ganado ha sido su principal sustento en muchas de las localidades de estos valles montañosos. En muchos casos ha sido considerado, fruto del miedo que ha provocado su presencia, como la alteridad radical, lo que se encuentra del otro lado, lo salvaje y lo siniestro. Por este motivo, la imaginación cultural humana le ha dotado de todo tipo de poderes que desafían las lógicas humanas conocidas, desde transmitir el mal de ojo, hasta convertirse en ser mitológico en los cuentos infantiles o ser precursor la muerte a través de su aullido. A pesar de su compleja relación, hombres y lobos forman parte de un ecosistema que se ha mantenido en equilibrio durante mucho tiempo.
  • De lobos y hombres II

    En los trayectos a pie, sobre todo de noche, se despertaba el temor a la aparición de los lobos. Lo habitual, en el caso de que ocurriese, era la presencia siempre de varios de ellos, de modo que existía la creencia de que, una vez que aparecían iban dando golpes con el rabo a las piernas del caminante hasta que lograban tumbarle, y si esto ocurría, entonces ya no había escapatoria posible. Por tal motivo, tal y como se narra en el audio que se adjunta, lo más efectivo era subirse a un castaño y esperar hasta que clareara el día, o bien, hasta que se pudiera contar con alguna ayuda.
  • El matanchín.

    En el documento etnográfico que se presenta se pone de manifiesto la preparación que suponía el llevar a cabo la matanza con la reunión de varias familias y de los miembros más allegados y cercanos de la misma. El momento principal es el momento de matar, pues encierra peligro para los que participan en este momento del acto económico y ritual. El cerdo se defiende y se mueve con mucho peso, por eso es necesario contar con el conocimiento y la habilidad suficiente para poder llevar a cabo el propósito sin resultar herido o lesionado. Ante estas circunstancias se premia con reconocimiento y con honor este conocimiento basado en las habilidades propias y en el conocimiento adquirido de generación en generación. El término "matanchín" expresado con admiración y cariño recoge la admiración por ese saber hacer en un momento tan importante para el grupo familiar.
  • Mullir los garbanzos

    Mullir los garbanzos es una expresión de describe una técnica relacionada con el cultivo del huerto familiar. En la economía tradicional de las localidades del valle los aportes alimentarios que proceden de los huertos familiares han sido fundamentales para entender los mecanismos de reprodución social de la comunidad. Estas técnicas de preparación y cuidado de la tierra y del producto se han transmitido de generación en generación a lo largo de los años, de padres a hijos o hijas. Mullir supone arrancar las malas hierbas con un rastro o rastrillo o azadijo de dos gajos para que los garbanzos en el caso del audio que se presenta, o bien las patatas puedan crecer fuerte y sana.
  • La piel del cabrito.

    En el documento etnográfico se hace mención a la importancia que ha tenido en la vida tradicional la piel del cabrito, así como también la piel de los distintos animales, sobre todo de aquellos recién nacidos. La piel ha sido tratada desde tiempos ancestrales, siendo muy importantes los conocimientos necesarios para su tratamiento que permite el paso de la piel a cuero para que pueda ser usado en la elaboración de distintos elementos de vital importancia en la vida tradicional de la Tebaida Berciana. Uno de los usos más importantes de la piel del cabrito ha sido la elaboración de instrumentos musicales de gran difusión en la zona geográfica del noroeste ibérico. La conversión de la piel del recién nacido en cuero supone un amplio conocimiento técnico aplicado a las distintas fases de la elaboración que van desde el salado inicial hasta la última fase del engrasado y rascado definitivo.
  • Ferias y mercados.

    Las ferias y mercados han formado parte de la vida de los pobladores de estos valles bercianos. Suponía, desde el punto de vista económico el lugar para comprar y vender, sobre todo, animales, tanto vacas como caballos y burros, que serían usados para el trabajo de la tierra y sustento de la familia. En la vida tradicional de la tebaida, la complementariedad entre hombre y animal era total, formando un conjunto en el que, el todo tenía más efecto que la suma de sus partes. Las ferias y mercados se documentan desde principios del periodo medieval. Algunos investigadores han tomado como primera de estas ferias la de Sahagun, allá por el siglo XII. Una feria es todo un conjunto de relaciones sociales, servía como encuentro de personas de distintas localidades que solamente se veían en esos momentos. También suponían una puerta de entrada de novedades y de modernidad en las localidades de los valles de montaña cuya posibilidad de novedades quedaba muy limitada. Y junto a esto, una feria es un lugar de transacciones económicas donde compradores y vendedores tratan de encontrar respuesta a las necesidades del momento a partir de un precio razonable y justo. En las ferias se podía encontrar prácticamente de todo lo necesario, si bien, con el tiempo las ferias se fueron especializando. Eran lugares de compra de granos, fruta, aceites, manteca, quesos, productos ultramarinos, textiles, paños, escabeches, alfarería, loza, aperos de todo tipo para la labranza, así como artículos de lujo.). En el audio que se adjunto se pone de manifiesto la importancia que para los habitantes de los valles de Compludo tuvo la feria de Lucillo, en la Somoza, pues acudían a ella principalmente con la intención de comprar y vender ganado. A esta feria se acercaban también astorganos y habitantes del Bierzo con intención de vender fruta. En cambio, se menciona también la referencia de Ponferrada para la compra en el mercado del resto de productos. En el recuerdo también se mantiene la importancia que tuvo para toda la comarca la feria de Cacabelos, como lugar especial para la compra sobre todo de caballería. Como es bien conocido, esta fiesta que se mantiene en la actualidad en las fechas de la festividad de San Miguel, en el mes de septiembre, ha sido un referente desde hace más de 700 años en el noroeste ibérico para la compra y venta de caballos y a ella acudían a pie y volvían en el mismo día los pobladores de la Tebaida berciana que necesitaban llevar a cabo alguna compra o venta.
  • Mujer rural.

    El papel de la mujer en la sociedad rural de la Tebaida berciana ha sido fundamental. Ha ejercido una vital función de carácter social, pues con la complementariedad ejercida en las labores productivas junto con su labor en la vida familiar del hogar ha contribuido a la reproducción social durante cientos de años. A su vez ha ejercido y lo sigue haciendo, una importante función cultural ya que, en gran medida se considera la portadora de la tradición y de la memoria oral e inmaterial de los distintos grupos sociales en sus distintas manifestaciones, bien sean de leyendas o religiosidades populares, como de formas tradicionales de sanar, de cuidar o de cocinar, como de los distintos rituales de paso que han marcado de la vida íntima y familiar. Además han contribuido de un modo decisivo al cuidado del medio ambiente, pues su actividad ha sido responsable con los paisajes y la biodiversidad del entorno a pesar de la reiterada invisibilidad de su tarea poco reconocida.
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