Pequeña imagen de factura popular representando a Cristo atado a la columna. Sobre una base prismática se dispone un pequeño promontorio con una columna de base y fuste liso. El protagonista lleva las manos atadas por delante de la columna y su cuerpo se coloca en un lateral y rebasa la altura del fuste. Muestra un estudio anatómico muy sumario, apenas esbozado, y con un pequeño paño de pureza anudado en la cadera izquierda, pintado con líneas rojas y azules. La cabeza se encuentra muy deteriorada, aunque aún es visible su melena, que cae a ambos lados de la cara y se ciñe con corona de talla.
Se desconoce la procedencia de esta pequeña talla que, por su postura, quizá acompañó a alguna imagen mariana. El Niño, va totalmente desnudo, muestra una anatomía fornida y dinámica en la que el brazo y la pierna derecha se alzan. El cabello, corto, se talló pormenorizadamente y se doró, como se ve por la parte trasera de la cabeza.
Escultura de bulto redondo representando a un santo franciscano desconocido. Viste el característico hábito, ceñido con cinturón anudado. Es una vestimenta amplia, de generosos plegados que llega hasta los pies. La cabeza, de facciones redondeadas, muestra peinado con tonsura. Ha perdido sus manos y la parte visible de sus pies.
Pie de forma triangular, de sinuosos perfiles y remate inferiores torneados. Cada uno de su frentes se adorna con aplacados lisos y una rocalla. El vástago es una pieza de sencilla labor de torneado, rematado en un plato de notable desarrollo. El mechero ha sido repuesto en su totalidad. Aunque tiene indicios de repintes, su policromía actual se realizó en tonos ocres, dorado y azul.
Una de las cajoneras que tiene la sacristía, quizá la que tiene un sabor más popular, es la que aquí nos ocupa. Parece fruto de un artífice local, aunque no por ello desmerece en su hechura. Se trata de un mueble rectangular, más ancho que alto, compuesto de cuatro puertas emparejadas dos a dos (extremos y centro). A pesar de sus diferencias, su articulación es idéntica, con cuatro cuarterones cada una recercados horizontalmente por parejas. El tablero superior es liso y las patas sobre las que se apoya con meros cubos de madera. Conserva sus cerraduras y bisagras originales.
Puerta compuesta de cuatro grandes tablones y un marco perimetral. Va completamente lisa, salvo que en la mitad inferior de su cara externa se adornó y fortaleció con tachuelas. Conserva todos herrajes, cerraja, tirador y falleba originales.
En la parte inferior del retablo de San José se dispone esta mesa de altar de piedra, policromada en tonalidades verdosas y doradas, ornada con rocallas y vegetales desnaturalizados. Tiene forma rectangular, pero sus paredes, más anchas arriba que abajo, adquieren una forma sinuosa o tornapunteada. Es gemela a otras de las ya vistas, pero esta se ejecutó en piedra y recogió en su parte inferior una inscripción dedicatoria.
En la parte inferior del retablo la Inmaculada se dispone esta mesa de altar de madera, policromada en tonalidades verdosas y doradas (aunque repintada), ornada con rocallas. Tiene forma rectangular, pero sus paredes, más anchas arriba que abajo, adquieren una forma sinuosa o tornapunteada.