Bienes arquitectónicos

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  • Otero (Ponferrada). Iglesia de Nuestra Señora del Otero (Vizbayo)

    Iglesia de una nave (dos tramos) con ábside semicircular. Sus muros son de mampostería y sillarejo con encintados de sillares en esquinas, portadas y contrafuertes absidales. Al originario momento románico, del que conserva ábside, caja de muros de la nave y portada norte, se añadió una sacristía al sur y una espadaña a los pies en en 1681-1682. El pórtico que protege la moderna entrada meridional es del siglo XIX. el pórt i c o .
  • Carracedo de Compludo. Iglesia de Santiago

    Simplicísimo edificio de mampostería. Consta de una sola nave, cabecera rectangular con sacristía anexa, humilde pórtico sobre la portada de acceso y espadaña a los pies. Su construcción se data en 1572, y se debe al transmerano Juan de la Fuente. Apenas esta espadaña distingue al edificio del resto de la arquitectura popular del pueblo. Se debe reseñar que este templo no se orienta canónicamente. Así, la cabecera se orienta al norte (realmente, noroeste). Consecuentemente, la única portada de ingreso se dispone al este, la sacristía al oeste y la espadaña al sur. Está advocada a Santiago, título que comparte con la iglesia parroquial de Peñalba de Santiago y la desaparecida ermita de Valdecañada.
  • Palacios de Compludo. Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

    Pequeña iglesia que ha perdido ya su condición de parroquial, situada próxima al caserío de Palacios. Obedece al plan habitual de cabecera cuadrangular, nave única y espadaña a los pies, con el añadido de una sacristía en el costado sur. Su interior, prácticamente vacío, mantiene unas interesantes pinturas renacentistas. De su espadaña salió la célebre campana medieval que hoy se conserva en el Museo del Bierzo.
  • Manzanedo de Valdueza. Iglesia de San Pedro Villarino

    Iglesia parroquial de este pueblo, situada en un castañar a un kilómetro del mismo. El edificio está en precario estado por el derrumbe de parte de la cabecera y el mal estado de las cubiertas. Adyacente a su costado norte, la ruina de la casa rectoral. Levantado en el siglo XVIII, con un sencillo pórtico al sur que protege su portada de caracteres románicos, todavía alberga restos de la armadura de su cabecera, un par de retablos, la mesa de altar, y pinturas murales. Por suerte, en su espadaña se mantienen sus dos campanas y su campanillo, cada una en su correspondiente tronera.
  • San Esteban de Valdueza. Ermita de Nuestra Señora de Folibar

    En un altozano alejado de la localidad de San Esteban, quedan hoy solo los retazos de su caja de muros y buena parte de su esbelta torre de tres cuerpos, el inferior con portada de acceso, el intermedio macizo y el superior con vanos para campanas. Hasta el siglo XVIII tuvo consideración de iglesia parroquial según consta en la documentación. Su imagen titular se conserva en una hornacina lateral del retablo mayor de la iglesia de San Esteban de Valdueza
  • San Clemente de Valdueza. Cementerio

    Por tradición oral se viene adscribiendo a este cementerio la presencia de un arco “de herradura”, de existencia dudosa, que sería indicio de un antiguo edificio religioso.
  • San Clemente de Valdueza. Ermita de San Juan del Tejo

    De la desaparecida ermita de San Juan del Tejo apenas resta una posible pila (de función desconocida) embutida en un muro de una finca donde un enorme tejo recuerda la advocación de una ermita que hace siglos dejó de existir. En sus cercanías, se encuentra la ruina de un molino.
  • Montes de Valdueza. Iglesia de San Pedro

    De origen visigodo, y reconstruido a comienzos del siglo X, la parte conservada más antigua es el templo monástico benedictino, de estilo románico, convertido en iglesia parroquial después de la Desamortización. Consta de tres naves, rematadas por sendas cabeceras de planta semicircular, y torre a los pies. Conserva el acceso sur (románico) y otro neoclásico al oeste. Es el edificio referencial de todo el valle, contó con claustro (s. XVI), patio y restos de ampliaciones monásticas. Actualmente se encuentra en fase de ruina consolidada, con la panda oriental rehabilitada. Destaca su célebre lápida fundacional, de la época de san Genadio, y la gran cantidad de mobiliario litúrgico de su interior, donde impera el estilo barroco, pues el templo conoció una extraordinaria renovación en el siglo XVIII. Cada una de sus tres cabeceras alberga un retablo, dedicados a San Pedro (central), San Genadio (norte) y a la Virgen de la Guiana (sur). Otros dos en los machones que flaquean la capilla mayor, dedicados a San Benito (norte) y Santa Gertrudis (sur), y un retablo pintado, de estilo neogótico, en el hastial norte del transepto. La iglesia tiene un doble coro, uno en la nave central y otro sobre la tribuna. Capítulo aparte merece la sacristía, un espacio rococó de privilegiada conservación. Las dependencias monásticas, articuladas en torno a un claustro renacentista y un patio, se conservan a modo de ruina consolidada. La panda oriental del patio se ha rehabilitado en la segunda década del siglo XXI.