Bienes históricos y artísticos

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  • Retablo de la Guianina

    Retablo de planta convexa compuesto de banco, cuerpo único y ático. En su parte central, en hornacinas de medio punto y aveneradas, de la que la mayor y más profunda es la central, acoge las figuras del Niño (izquierda, según se mira de frente), la Virgen con Niño llamada Guianina (central) y un santo obispo (derecha). Dos columnas sutilmente abalaustradas, casi estípites, decoradas con hojas y mascarones dividen sus calles. Sobre un alto entablamento se dispone la única hornacina, que exhibe la talla de San Antón entre dos estípites. Carente de frontón, corona la composición un entablamento curvilíneo.
  • María Magdalena

    En el ático de este retablo se dispone una imagen de bulto de María Magdalena, reconocible fundamentalmente por el pomo de perfume o ungüentario que exhibe en su mano derecha. Por lo demás, se trata de una imagen con todas las características del estilo romanista y como la otra imagen integrante del retablo, conectadas con el universo de Gregorio Español y sus seguidores. Se viste con paños amplios y movidos, entre los que asoma la mano izquierda que porta un libro cerrado, muestra un peinado elaborado, y despliega el habitual contrapposto en este tipo de imágenes. Su policromía, oscurecida por el paso del tiempo, parece elaborada con colores planos.
  • Virgen del Carmen (o del Rosario)

    Imagen de bulto redondo de la Virgen con el Niño. Ambos, madre e hijo, aparecen en pie, aunque el infante dispuesto sobre el brazo izquierdo de María y desnudo. Por el contrario, ella viste larga túnica ceñida en la cintura, manto que cae desde los hombros y se recoge de manera efectista con la mano izquierda, y toca que le cubre parcialmente el cabello. Lo ampuloso de sus vestiduras hace que la talla describa un perfil ligeramente ahusado y que muestre un notable movimiento en su postura y actitud de avance. El rostro, enmarcado por los cabellos, adolece de cierta expresión, como suele ser habitual en la época pero muestra ciertos estilemas que recuerda a la plástica desplegada por Gregorio Español y sus seguidores en el entorno astorgano. Ennoblece la imagen una trabajada y lustrosa policromía.
  • Retablo de la Virgen del Carmen

    Uno de los retablos laterales de la parroquial de Villanueva está dedicado a la Virgen del Carmen. Es una máquina de estructura sencilla, pero compleja en su aparato ornamental, como suele ser habitual en todos los retablos elaborados durante el barroco y su fase final. En este caso se compone de un escueto banco, de movido perfil, en cuyos flancos se dispusieron sendos mensulones que sirven para apoyar los soportes del cuerpo principal. Un único cuerpo compone la estructura principal del conjunto, con hornacina de medio punto que llena todo el centro y con laterales rehundidos donde de disponen columnas de fuste repleto de talla y capitel compuesto. El ático replica la organización del cuerpo inferior, con una hornacina en el centro y unos laterales desplazados donde los soportes se han tornado en estípites, y que se flanquean por sendos aletones. Colgantes de frutas, rocallas, conchas, flores, querubes y tegumentos, pueblan por completo la superficie de este retablo.
  • Frontal de altar

    Frontal de lienzo granate, de una sola pieza de factura industrial, sin galones. El marco de madera policromada muestra una cenefa seriada a partir de motivos vegetales, rematada en su eje superior por una cartela ovalada. La decoración en relieve se interrumpe en el listón inferior, dejando una ancha parte central lisa, seguramente porque acometería una grada en su momento, hoy inexistente.
  • Peanas

    Pareja de soportes sitas en las hornacinas laterales del retablo mayor, para sostener las tallas de San Roque y San José con el NIño. Se componen de un dado central cúbico con dos rebajes concéntricos, flanqueado por dos aletones apoyados en sendas hojitas. En el frente, en su parte superior, luce una tarja de vegetales carnosos y otros motivos vegetales.
  • San Antonio de Padua con el Niño

    Escultura de bulto redondo de San Antonio de Padua cuya representación se acoge a la iconografía más habitual del santo. Es decir, en pie, vestido con hábito franciscano y sujetando un libro con la mano izquierda sobre el que se alza una pequeña imagen del Niño Jesús en alusión a la visión que tuvo San Antonio en las proximidades del castillo de Camposampiero del conde Tisso. Contrastan sus efigies, pues mientras el santo va cubierto por completo por sus gruesas vestiduras el infante va desnudo. El trabajo de los paños es correcto y está bien resuelto, incluso marcado el ligero avance de la pierna izquierda. Su rostro esboza una ligera sonrisa y su acaracolado cabello parece una seña de identidad del escultor, pues se repite también en el Niño.
  • San José con el Niño

    A pesar de tratarse de una escultura relativamente contemporánea encontramos cierto interés en ella por el aspecto de los rostros de San José y del Niño, lejos de los habituales tipos industrializados que suelen recoger la mayor parte de estas imágenes. No se han podido localizar los sellos de su procedencia, lo que aclararía mucho este atípico detalle. El patriarca va vestido con larga túnica grisáceo y manto marrón prendido en el pecho, mientras el Niño lleva una túnica rosa y sujeta una pequeña cruz dorada contra el pecho. San José luce barba corta y melena peinada al medio. Ambos rostros son dulces y serenos, de facciones escasamente marcadas, y con una característica caída de ojos.