Píxide de cobre dorado compuesta de caja cilíndrica en su base y tapadera cónica rematada por una cruz de brazos iguales asentada sobre un orbe que se une al vértice del cono mediante un minúsculo pie . La articulación entre las dos piezas se realiza mediante una bisagra dispuesta en su parte posterior, y un cierre de pestaña en la anterior
Hasta 1870, año en que aparece en España el Registro Civil, las únicas fuentes de información biográfica de la gente común son las ofrecidas por los libros sacramentales, que cada parroquia se encargaba de apuntar y custodiar.
Tales libros fueron impuestos a partir del Concilio de Trento (a mediados del siglo XVI), si bien en la corona de Castilla ya el cardenal Cisneros, medio siglo antes, había impulsado esta costumbre. Gracias a ellos conocemos fecha de nacimiento, filiación, fechas de matrimonio y defunción de cada persona nacida en un lugar. La pérdida o destrucción de uno de estos libros supone acabar con la memoria de todos los nombres propios que recogía tal volumen, nombres de mujeres y hombres que construyeron la historia, modelaron el territorio, cuya única vez que figuró su nombre por escrito fue precisamente aquí.
Este libro recoge los nacimientos acaecidos entre 1547 y 1659.
El santo anacoreta, de pie, se distingue por su concentrada lectura de un libro de cantos dorados, que sostiene con la mano izquierda muy cerca de su faz, y un enorme bastón "rústico", aserpentado, con el que se apoya.
De larga barba, porta el hábito antoniano, con cuyo capuchón cubre la cabeza.