Bienes históricos y artísticos

Conjunto de fichas

Fichas

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  • Anunciación

    Interior de una amplia estancia. El arcángel, arrodillado, ha sorprendido a María, sentada, que leía un pequeño libro en un escritorio. Un jarrón de azucenas se dispone entre los dos en segundo plano, rompiendo la peligrosa cercanía física. La paloma del Espíritu Santo, en el centro superior de la imagen, preside el conjunto. El fondo de la composición se articula en tres partes: una ventana a la izquierda, un arco a la derecha que da cabida al paisaje y una alcoba con una cama protegida por unas cortinas que se encuentran anudadas para que podamos verla. El elemento más sorprendente de esta escena es la presencia de un gato negro junto al jarrón de azucenas, animal apenas representado en la iconografía cristiana, que tranquilamente se dispone en el suelo, sin muestra alguna de sorpresa.
  • Piedad

    Talla con María, sedente y rotunda, sujetando el cuerpo inerte de su Hijo sobre su regazo. María, tocada, con vestido y ancho manto superpuesto, casi una matrona de desproporcionada anchura, sostiene delicadamente el cuerpo, esquelético casi, de Jesús. La mano derecha le pasa por la nuca y no evita que la cabeza, sin vida, se incline hacia atrás. Con la otra mano alza muy delicadamente el brazo izquierdo inerte de Cristo. El derecho se desliza casi hasta el suelo. La policromía de los ropajes virginales contrasta con el cuerpo desnudo de su Hijo, que se cubre apenas con el paño de gloria, discretamente dorado por lo que contrasta poco con su propia carnación. El tratamiento de los paños es excesivamente geométrico, a partir de pliegues paralelos. El conjunto (que fue advocado como la Angustia) está preparado para que el lánguido y cuerpo de Cristo concentre toda la atención. La expresión de dolor es serena, como si estuviera mostrando el triunfo que acaece a Su muerte. Una madre resignada a cumplir lo que estaba escrito. La talla, anónima, acusa rasgos expresivos de la escultura nórdica (centroeuropea) que en la segunda mitad del siglo XV. Se puede ver en los ojos rasgados de María o en el patetismo del cuerpo santo. Esta forma de hacer fue apreciada por las tierras bercianas, como puede comprobarse con la talla de la propia patrona comarcal, la Virgen de la Encina.
  • Asunción

    Grupo de la Asunción de la Virgen que remata la calle central del retablo de la capilla de la Visitación. Se compone de una imagen central de María, de composición frontal y ahusado perfil. En la parte inferior de la imagen figura un cuarto lunar con una cabeza de un querubín y sobre ello se alza la talla propiamente dicha, de cuidado trabajo en los plegados y en su policromía. Sus manos se unen en oración delante del pecho recogiéndose plásticamente las telas en ambas embocaduras del manto. Alrededor del cuello se sujeta el manto que cae elegantemente por detras y por delante de la imagen. La cabeza se cubre con toca, que oculta parcialmente una larga y ondulada melena rubia. El rostro es ovalado, de facciones apenas esbozadas, nariz fina, boca pequeña y ojos achinados. Alrededor de la talla revolotean cuatro angelitos en posturas diversas, aunque con ese mismo espíritu nórdico que destila la imagen principal. El conjunto, anónimo, acusa rasgos expresivos de la escultura nórdica (centroeuropea) de la segunda mitad del siglo XV. Esta forma de hacer fue apreciada por las tierras bercianas.
  • Jesús ante Pilatos

    Los personajes de esta escena se arraciman dando sensación de la confusión, tan solo liberada por las gradas que conducen al trono bajo dosel donde Pilatos se dispone a dictar sentencia ante Cristo, sujetado por un sayón y precedido de un personaje de atavíos lujosos renacentistas que sujeta copa y plato en el que el prócer procederá a lavarse las manos. Un multitud de personajes armados y con gallardetes vocifera ante el palacio del pretor. Un mono encadenado a una piedra contempla la escena desde un primer plano inferior.
  • Oración en el huerto

    El eje de esta composición de ambientación natural lo ocupa la figura de Cristo, arrodillado y orante, que eleva sus manos hacia un luminoso ángel que destaca en la escena, de colores oscuros cual la noche en que se suceden los acontecimientos. Tres discípulos (Pedro, Santiago y el barbilampiño Juan) duermen en primer plano, ajenos a lo que está sucediendo. Un grupo de hombres encabezado por uno de claras vestiduras, que contrasta en la negrura nocturna, se dirigen a prender a Jesús.
  • Adoración de los magos

    La Virgen con el Niño en su regazo ocupan el eje de la composición, situada en un exterior nocturno, donde impera el paisaje natural. La estrella de Belén, desde arriba, preside todo el conjunto. Los tres reyes se disponen a ambos lados del pequeño, y le ofrecen sus presentes. Tres pajes se sitúan en segundo término, negro también el de Baltasar. Rostro virginal y Niño, además de la mentada estrella, resaltan su blancura en una tabla de tonos oscuros de una escena compleja por la abundancia de personajes, pero bien resuelta, sin renunciar a la individualización de cada uno de ellos.
  • Relieve: Ecce Homo

    Cristo, de pie, con las manos atadas a la altura del pecho con una cuerda que voltea su cuello, se muestra desnudo. Su dignidad la visten un corto paño de pureza y el manto, abrochado al centro, que descubre el cuerpo desnudo. La cabeza, cubierta con la corona de espinas, sensiblemente sobredimensionada, resalta el dramatismo y resignación de la escena.
  • Relieve: Cristo atado a la columna

    En un fondo avenerado se dispone Cristo en posición lateral, desnudo (salvo el pequeño paño de pureza) unido a una estrecha columna dorada por sus manos atadas. Se acusan defectos en la anatomía, visibles en la forzada posición de sus brazos y en el defecto de proporción del alargado tronco del cuerpo.