Bienes históricos y artísticos

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  • Cristo Resucitado

    En el centro del ático del retablo, dentro de una hornacina abocinada se dispone esta escultura de bulto redondo. Así, pues, aparece flanqueada por aquellos otros altorrelieves con temas pasionales. La que aquí concierne es un Cristo Resucitado, colocado en pie, con la mano derecha en alto y la izquierda sujetando un cruz con su banderola. La talla muestra un elegante y acentuado contrapposto, especialmente visible por su desnuda anatomía. Tan sólo el escueto paño de pureza y un manto rojo anudado al cuello cubren parcialmente su cuerpo. Su rostro, dirigido a lo alto, acompañado de su mirada, es idéntico al de otras esculturas del retablo, por lo que todas ellas debieron salir del mismo taller.
  • Cristo a la columna

    Resta por aludir únicamente a la talla que ocupa la calle lateral derecha del retablo. Con ella se completaría -a falta de la Crucifixión- los padecimientos de la Pasión. Se trata de una escultura de Cristo atado a la columna, mostrando su cuerpo lacerado y sangrante, pero con una dignidad propia de quien se sabe triunfador sobre la muerte. El martirio se efectúa sobre una columna baja, lo que fuerza la postura de Jesús, que muestra sus manos atadas y aproximándose a la columna. Las piernas también se acomodan a esa sufrida postura, al igual que la espalda, que se inclina hacia delante. El paño de pureza se sujeta con un grueso cordón dorado que queda visible en la cadera izquierda. Se aprecian ligeras diferencias respecto a otras imágenes del retablo, siendo esta de mayor calidad, al menos en el tratamiento del rostro y en la configuración del perizonium.
  • Ecce Homo

    En la calle lateral izquierda del retablo, bajo una especie de irregular dosel, se coloca una escultura de bulto redondo del Ecce Homo. Exceptuando la llaga en el costado que mostraba la talla del Resucitado del ático, el resto es muy similar a esta. Cristo aparece en pie, con las manos cruzadas y anudadas sobre el vientre y el paño de pureza. Desde los hombros cae un manto que por la parte trasera le llega prácticamente hasta los tobillos, pero dejando la parte delantera del cuerpo al descubierto. De este modo podemos ver el cuerpo maltratado y lacerado de Cristo tras la Flagelación. Su rostro, enjuto, con la cabellera que le cae sobre los hombros y que se ciñe por una gran corona de espinas también exhibe las huellas de la Pasión. Su autoría es común al resto de las tallas del retablo.
  • Relieve de Santiago el Menor

    En el lado derecho del banco del retablo mayor encontramos un medallón circular, rodeado de potentes rocallas, que acoge un busto de Santiago el Menor (hijo de Alfeo). Viste túnica azul ceñida a la cintura y manto rojo que le cae desde los hombros y se enreda en los brazos. En la mano derecha porta un libro cerrado, mientras en la izquierda lleva una porra, atributos iconográficos que permiten su reconocimiento. Es una imagen simétrica, bastante inexpresiva, con estereotipados pliegues y un estudio anatómico bastante sumario. Por su estilo y facciones encaja con el resto de tallas y relieves del retablo, cuyo autor desconocemos. Quizá, lo que más llama la atención es la labor de dorado que llena sus vestiduras, simulando los característicos estofados de las centurias anteriores.
  • Relieve de Santiago Peregrino

    En el lado izquierdo del banco del retablo mayor encontramos un medallón circular, rodeado de potentes rocallas, que acoge un busto del apóstol Santiago en su faceta de peregrino. Viste túnica y esclavina cargada de conchas. Lleva ceñidor en la cintura, del que pende un pequeño zurrón y en la mano derecho porta el bordón. Es una imagen serena, bastante inexpresiva, con estereotipados pliegues y un estudio anatómico bastante sumario. Por su estilo y facciones encaja con el resto de tallas y relieves del retablo, cuyo autor desconocemos. Quizá, lo que más llama la atención es la labor de dorado que llena sus vestiduras, simulando los característicos estofados de las centurias anteriores.
  • Juego de candeleros y cruz de altar

    Este conjunto de metalistería hermana con tantos otros vistos por El Bierzo y por la geografía castellano-leonesa salidos de los madrileños talleres de Meneses. Se trataba, por lo general de juegos de 2, 4 o 6 candeleros y una cruz de altar, todos ellos elaborados con metal plateado. En este caso, los candeleros son seis y son idénticos entre sí; con base triangular, astil torneado y mecheros en forma de campana invertida. En la primera se amalgaman los ornatos vegetales con los figurados, encontrando medallones ovales con bustos. El largo vástago se compone de varios cuellos cilíndricos y cóncavo-convexos, entre un nudo en forma de jarrón con sus respectivos gallones. Alrededor del mismo se aplicaron estilizadas costillas de raigambre vegetal. Por lo que respecta a la cruz, nada de diferente encontramos en el pie o en el astil. Además, el árbol es muy sencillo, con cantonera vegetal en la parte inferior y de en forma de concha en los otros tres remates. El crucificado es de bulto y de pequeño tamaño, sobre el que se dispuso el titulus.
  • Puerta del tabernáculo del retablo mayor

    Sencilla portezuela de formato rectangular rematado en su parte superior por un arco carpanel. El centro de al puerta, rehundido, pero con el mismo perfil, exhibe un relieve del Agnus Dei tendido sobre el Libro de los 7 Sellos y asiento entre sus patas una cruz con banderola ondeante. Toda la superficie va dorada, pero el fondo de relieve se grabó a buril con rameados vegetales. En el reverso de la puerta, zona no visible cuando el sagrario está cerrado, encontramos un remedo de la composición anterior, pero sólo grabado y con mayor presencia de los elementos fitomorfos
  • Tabernáculo del retablo mayor

    Tabernáculo rococó del retablo mayor. El conjunto tiene forma rectangular, más alto que ancho, si exceptuando que en los laterales muestra unos movidos aletones ornados con ces y rocallas, decoraciones que campan, bien grabados, bien talladas, por el resto de la pieza. El frente se compone de pequeño basamento rehundido en el cnetro y un cuerpo central soportado por columnas de fuste liso y tercio inferior destacado, y capiteles de orden compuesto. El entablamento, canónico, se curva en el centro dotándolo de un mayor dinamismo si cabe. Toda la superficie va dorada y grabada con motivos incisos de índole vegetal.