Bienes históricos y artísticos
Conjunto de fichas
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- Descripción
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Bienes históricos y artísticos
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Colección de bienes históricos y artísticos de la Tebaida Berciana.
Fichas
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Retablo de San Tirso
Retablo barroco de los que comúnmente la historiografía denomina genéricamente churrigueresco por la aparición en ellos de columnas salomónicas y una recargar ornamentación al modo que extendieron los hermanos Churriguera desde Salamanca. Sin embargo, por estas tierras bercianas abundaron también los maestros que hicieron este tipo de máquinas y entendieron bien los artificios de este estilo. En este caso se trata de una pequeña máquina organizada en un único cuerpo con su correspondiente banco y ático de limitada presencia, aunque imbuidos de ese espíritu decorativo tan característico a base de hojas carnosas y motivos fitomorfos dorados. Es el piso principal donde se concentra la iconografía y la decoración, con tres calles separadas por las ya referidas columnas. Las calles laterales tienen encasamientos rectangulares, aunque con unas orejetas superiores que desbordan la línea de la caja, ambas perimetradas por cenefas de hojitas. La calle central se cerraría en arco de medio punto de similar tamaño, pero en el siglo XIX se ocultó mediante un arquete neoclásico añadido con guardamalletas y forma de baldaquino. Su policromía a base de jaspeados, dorados y motivos florales resulta muy llamativa. -
San Antonio de Padua
Otro de los santos franciscanos por antonomasia es el que se dispuso en el costado derecho del retablo del Santo Cristo. Hace pareja con el San Francisco, al que encontramos en lado contrario. Ambos se muestran en pie, al paso, lo que provoca que su hábito se mueva generando un interesante juego en sus pliegues. Su vestimenta va ceñida a la cintura pendiente por delante el correspondiente cordón. Han perdido parcialmente sus atributos iconográficos. En la mano izquierda sólo queda ya el libro (sobre el que iría el Niño Jesús) y en la diestra un resto apenas distinguible de la característica vara de lirios. Su factura es más floja que la de su compañero, e igualmente visible en el rostro, redondeado e inexpresivo. Luce tonsura y dirige la mirada al frente. -
San Francisco de Asís
Uno de los santos franciscanos por antonomasia es el que se dispuso en el costado izquierda del retablo del Santo Cristo. Hace pareja, en realidad, con San Antonio, al que encontramos en lado contrario. Ambos se muestra en pie, al paso, lo que provoca que su hábito se mueva generando profundos claroscuros en sus pliegues. Su vestimenta va ceñida a la cintura pendiente por delante el correspondiente cordón. Muestra las palmas con los estigmas de la Pasión, igual que resulta visible en el pecho la mancha de sangre que mana del costado. Quizá lo menos logrado del conjunto sea la cabeza, de huera expresión y rasgos escasamente definidos. Luce barba, tonsura y dirige la mirada a las alturas. -
Virgen Dolorosa
La pintura que remate el retablo del Santo Cristo se acoge a la iconografía habitual de Virgen Dolorosa, con la característica espada o cuchillo que le atraviesa el corazón. Su representación es en realidad un busto y toda ella va cubierta con un ampuloso manto azulado bajo el que asoma la túnica roja y la toca blanca. Su rostro, de tonalidades nacaradas está representando con notable dulzura. Parece mirarse su mano izquierda, manchada de sangre. Su autor, consiguió un resultado correcto dentro de sus limitadas dotes -
Cristo crucificado
Imagen barroca del Cristo crucificado, de correcta talla, aunque inferior en calidad al de la "Buena Muerte". Este es mucho más frontal y dotado de menor movimiento, no obstante muestra cierto alabeo en las piernas. Su cabez cae sobre el hombro derecho, dejándonos ver el trabajo de su rostro y corona de talla que muestra. Al parecer se procesionó, de ahí la forma de su cruz. Muestra un paño de pureza rectangular, ceñido a las caderas, pendiendo de ambos lados, aunque en mayor medida del derecho. Su estudio anatómico resulta bastante sumario. -
Retablo del Santo Cristo
Este pequeño retablo transita entre el gusto rococó y el incipiente neoclasicismo, pues aunque mantiene ciertos exornos como rocallas, colgantes de frutos y perfiles muy movidos, aboga por una pureza de líneas y sencillez decorativa que preludia lo que serán los retablos del siglo XIX. Posee un escueto banco, con varios entrantes y salientes coincidentes con los soportes del cuerpo principales y sus juegos volumétricos. Su único cuerpo se organiza de manera muy sencilla, con dos peanas en los laterales para recoger sendas esculturas de franciscanos y una hornacina central de arco mixtilíneo para recibir un Cristo crucificado. Entre ambas partes se yerguen dos columnas de fuste liso y capitel compuesto. El ático, precedido de un volado entablamento adquiere forma tornapunteada y remata en una venera con forma de rocalla. En su centro se pintó la imagen de una Dolorosa, así como en el fondo de la hornacina anterior se muestra un paisaje montañoso. En su policromía se mezclan los jaspeados con el dorado. -
Cristo de la Buena Muerte
Su advocación como Cristo de la Buena Muerte la recogió tempranamente Voces Jolías. En verdad, su rostro, expresivo, pero plácida nos hablan de esa muerte plácida que tratan de comunicar alguna de las imágenes de esta época. Por lo demás es un crucificado de correcta factura, muy movido en su articulación y con un profundo arqueamiento del torso y las piernas. Los brazos describen una marcada "V", tensión que se traslada al tratamiento de la musculatura. El baño escueto, está bien trabajado, recreándose en la lazada que vuela en su cadera derecha. La corona de espinas se talló en el mismo bloque que la cabeza. Le afea lo oscurecido y oxidado de su policromía. La cruz parece repuesta, no así su títuli, aunque esté parcialmente quebrado. -
Catafalco de ánimas
Catafalco de la cofradía de ánimas de Lombillo, concebido a modo de monumento portátil. Adopta forma turriforme, con varios cuerpos prismáticos superpuestos de manera decreciente. Sobre los tres primeros, rectangulares, se dispone otro troncopiramidal con cruz de remate -que se puede desmontar- y una suerte de aletones que la sostienen. Lo reciente de su hechura explica la sencillez de su imagen, donde los elementos decorativos se limitan a algunos tornapuntas de talla en la transición de las piezas superiores. Salvo eso, el resto son molduras lisas y una policromía de lo más simple a base de tonos marrones y negro, y una calavera con dos tibias. En su parte superior corre una la inscripción anexa, donde se da cuenta de su función y cronología. En sus extremos conserva dos herrajes de forja para su movimiento y traslado. En la actualidad carece ya de uso, aunque es una pieza de innegable interés histórico y antropológico. Creemos que puede guardar relación con el que conserva la iglesia de San Esteban de Valdueza.







