Frontal de lienzo, compuesto de cinco retales longitudinales cosidos de la misma tela. El tejido, de fondo blancuzco se adorna con frisos alternos en sentido transversal de hojas y flores cosidas, en colores verde y rosa. El frontal se conserva con su marco de madera.
Marco de madera, cuyo listón inferior queda oculto por la grada previa. Está policromado en su frente sobre fondo rojo marmoleado, con adornos florales alternos insertos en molduras pintadas de fondos blancos y azules.
Pequeña ara portátil rectangular, inserta en un marco de madera a modo casi de estuche, abierto solo por arriba y con un entalle para facilitar su perfecto encaje. Dicho marco, que parece hecho de una sola pieza excavada, se adorna con dados o tacos excavados en relieve, y dos listones, también en relieve, la dividen longitudinal y transversalmente, formando cuatro cuartos en su fondo. Los mismos dados (policromados de forma alterna en rojo y azul) y la continuación de los mismos listones se observan en sus laterales.
Sobre un fondo paisajístico y un río en primer plano destacan en primer plano las figuras de dos monjes benedictinos, nimbados, tonsurados y con su hábito. Representa a “San Mauro salvando a San Plácido”. San Plácido se representa de medio cuerpo, semisumergido en el río en que se está ahogando, que se vuelve a san Mauro, de pie y a su lado. Este le lanza sus brazos y le agarra el pelo con una mano para sacarle del trance.
Sobre un fondo neutro se muestra, de manera frontal, el cuerpo de un obispo mártir decapitado (podría tratarse de san Dionisio de París). Viste túnica, sobrepelliz y capa pluvial prendida por un broche pectoral. Mana abundante sangre del cuello, y la cabeza radiada con la mitra episcopal se sitúa encima de un libro cerrado sostenido por la mano izquierda del mártir. Con la derecha sostiene el báculo. Ambas manos se cubren con guantes, propios de la dignidad episcopal, y en la derecha se aprecia en anillo, símbolo de su jurisdicción.
Cristo, de hercúlea anatomía pero con ciertas incorrecciones, que se muestra sobre un rompimiento de gloria y fondo neutro, de pie, desnudo, tan solo cubierto por un manto rojo cuyo pliegue hace de paño de pureza. Levanta su mano derecha y porta en la izquierda un estandarte crucífero rojo rematado en dos farpas.
Representación convencional del santo de Padua, en tres cuartos, con amplia tonsura, un nimbo natural conseguido con claroscuro. Se muestra de pie, con hábito franciscano, y mirando ensimismadamente hacia un lateral. En su mano derecha sostiene una vara de azucenas y en la contraria un libro cerrado sobre el que se asienta un Niño Jesús que a su vez levanta los dedos índice y medio de su mano derecha y sostiene un orbe rematado con cruz en la izquierda.
Representa a “San Benito arrojándose a un zarzal”. Sobre un paisaje natural en que se adivina al fondo, en el eje de la composición, una población, el santo, nimbado y desnudo, se lanza a las zarzas en la parte izquierda (según se mira) de la tabla, para vencer las tentaciones a las que, en su retiro, le sometía el diablo, según se expone en los “Diálogos” de san Gregorio.